
Es el número de preinscriptos al programa que ofrece una alternativa no bancaria. Una herramienta inédita con sello neuquino que no existe en la Argentina de los últimos 40 años.
NEUQUÉN (ED). — Ya son 4 mil familias preinscriptas a la nueva herramienta crediticia que busca cambiar las reglas de acceso a la vivienda propia. Son créditos hipotecarios financiados íntegramente con recursos provinciales a través del ADUS- IPVU, que no dependen del financiamiento bancario tradicional y brindan además la libertad para que cada uno diseñe y construya su casa.
La propuesta forma parte de Neuquén Habita, el programa habitacional del gobierno de Rolando Figueroa, y apunta a un sector que durante años quedó atrapado por no reunir las condiciones para acceder a un crédito convencional, pero tampoco cuenta con el ahorro suficiente para levantar una vivienda por sus propios medios.
De las 4.000 familias registradas, 1.200 corresponden a Neuquén capital.
La Provincia pone los recursos para que las familias puedan construir sobre un terreno propio escriturado. Cada beneficiario puede contratar al arquitecto que prefiera, elegir el diseño de su vivienda, comprar los materiales donde quiera y acordar con el constructor de su elección.
“Se les va a otorgar un préstamo no bancario para que cada persona contrate al arquitecto que quiera, haga el formato de vivienda que quiera, le compre al corralón que quiera y le pague al constructor que quiera”, explicó Figueroa.
La Provincia asume así un papel que el mercado no está cubriendo para una parte de los trabajadores. El objetivo es llegar a quienes necesitan financiamiento, pero encuentran tasas elevadas o exigencias que les impiden obtener un préstamo bancario.
El esquema contempla hasta 150 millones de pesos para construir una vivienda única y hasta 75 millones para ampliar o refaccionar una propiedad existente. En la línea de construcción, el financiamiento puede cubrir el 100% del proyecto aprobado.
Las cuotas que devuelven las familias ingresan al Fondo Neuquino para la Vivienda y pueden volver a utilizarse para financiar nuevas soluciones habitacionales. Se construye así un circuito de financiamiento donde el Estado presta, las familias construyen y devuelven el dinero en el tiempo, y esos recursos permiten ampliar el alcance del programa.

