
Ratificó su apoyo a Figueroa y juega dentro de un esquema que piensa en continuidad.
NEUQUÉN (ED) — Mientras el PRO atraviesa una etapa de redefiniciones, tensiones internas y pérdida de centralidad, en Neuquén el partido parece haber encontrado un camino diferente.
Se integró al poder provincial con roles claves y construye gestión desde adentro. El contraste no es menor. Expone dos estrategias distintas frente a un mismo desafío: cómo sostenerse en un escenario cambiante donde los libertarios amenazan con venir por todo, incluyendo las momias del kirchnerismo.
A nivel país, la figura de Mauricio Macri sigue siendo referencia obligada, pero su liderazgo convive con disputas internas, reacomodamientos y una dificultad creciente para ordenar al espacio.
El PRO nacional parece perdido en debates de identidad y una agenda reactiva a las ocurrencias de Milei. Quien mira por el vidrio lo ve más enfocado en la supervivencia.
En Neuquén, en cambio, el PRO eligió otro camino. El respaldo a Rolando Figueroa fue un círculo virtuoso donde permitió avanzar en leyes aprobadas, pero se además consolidó en el gabinete.
La sanción de Ficha Limpia, los avances en orden fiscal y los controles institucionales reflejan una coincidencia más allá de lo programático. El bloque legislativo que integran Marcelo Bermúdez, Damián Canuto y Verónica Lichter permitió la construcción de mayorías y sostener iniciativas que rindieron al proyecto.
En ese esquema, la figura de Leticia Esteves representa la imagen de una dirigente con gestión, volumen político y proyección. Su definición “con Figueroa vamos a ganar las elecciones” anticipaba la receta del cambio.
Con el PRO decidido a integrarse a “La Neuquinidad”, todos ganan. Por que al final del cuentas, en un contexto de tanto relato, el electorado valora más los resultados de gestión, que las disputas internas.
En el plano nacional, el PRO todavía debe resolver su identidad y su conducción. En Neuquén, el partido ya juega dentro de un esquema que piensa en continuidad.

